Ir al contenido principal

¿Un Feto Inviable?, NO, Mi PEQUEÑO BENJAMIN. Carolina Antimán



Tan sólo eran quince semanas de vida, y  de vida en mi útero. Quince semanas y ya había comenzado a truncarse tu vida con la rotura de las membranas que resultaron en que te quedaras sin líquido amniótico, todos, menos tu Padre esperaron que tus latidos comenzarán a disminuir, para luego morir,  pero eso, nunca ocurrió. Para los médicos te llamabas “Huevo Roto”, que feo ese término, nosotros que ya te amábamos preferimos llamarte Benjamín.
Fueron 8 semanas exactas, que antecedieron tu nacimiento. Ocho semanas albergando la esperanza de que a pesar de la absoluta adversidad, los diagnósticos de fallas en tu desarrollo, de las secuelas de la falta de líquido en tus pulmoncitos, te abrazaríamos, y que llegaríamos a casa en brazos junto a Ti y a tus dos hermanos.
Hicimos todo lo que estuvo dentro y fuera de nuestras posibilidades. Tu constituías uno de esos casos raros, y yo tu madre, Monorrena por un tumor renal hace menos de 2 años, resistente a la insulina, incompetente cervical, no aportaba mucho a las expectativas. Los 35 días que pasamos hospitalizados significaron un gran sacrificio familiar,  pero cómo siempre me repetía tu Papá; tú cuidas a Benjamín y yo cuido de Ivancito y de Leoncito.  Nunca desaparecieron tus latidos, y nunca deje de perder líquido amniótico. Los antibióticos ya me molestaban, pero era inevitable no podía infectarme, menos con un solo riñón.
Nunca pensamos en dejarte, ni siquiera cuando en las ecografías no realizabas ningún movimiento, cómo recordábamos si los hacían tus hermanos y se evidenciaba una asimetría absoluta entre el crecimiento de tus extremidades y el resto de tu cuerpo.
Fue un tiempo agotador para mí, estar tanto acostada, me provocaba dolor en el cuerpo, no me podía levantar, me bañaban, me lavaban el pelo, todo en la cama. Sabía cuánto trabajo tenías haciendo líquido amniótico, y cada vez que lo perdía, sentía la angustia de la amenaza de perderte. Sacrificios, sí, muchos. Tu Padre mientras estaba hospitalizada nos visitaba 3 veces al día, se encargaba de llevar a tus hermanos, trataba de dejarnos solos  el menor tiempo  posible. Cuando estuvimos esos 19 días en casa, él se encargaba de todo, tus abuelas hicieron enormes sacrificios para colaborar con el cuidado de tu vida.
No fue posible seguir adelante, con 23, semanas, más 1 día, se desprendió la placenta, ya no te servía de nada, si te movías tus latidos bajaban, si tenía contracciones, llegabas a la bradicardia. Sólo nos diste el tiempo de tratar de ayudarte con medicamentos que en alguna medida prepararan tus pulmones. Yo ya tenía una anemia severa, el sangramiento  nunca paró. Sólo vi tu cabecita mientras te atendían, nunca vi tus ojos abiertos, nunca te pude a abrazar mientras estuviste vivo, sé que me necesitabas, lo sentía al visitarte en la UCI, lo sentí al tocar tu mano y sentir que me apretabas el dedo, lo supe cuando acariciaba tu pierna y tú la estirabas como pidiendo más caricias, lo sabía cuando te hablaba y los monitores avisaban que te pasaba algo.  Luchaste tanto para vivir y quizás para muchos haya sido una lucha vana. Para nosotros fue un acto heroico, lograste llegar al periodo en que los médicos te podrían dar una oportunidad de vivir. Todos se asombraban de la lucha que dabas cuando te instalaron la sonda, el tubo del ventilador mecánico, decían que te gustaban las caricias, yo lo sabía. Tu lucha no fue en vano,  lograste vivir para recibir la ayuda que te permitió estar junto a nosotros por casi 48 horas.
Llegué en  brazos contigo a casa, pero dentro de tu pequeño ataúd blanco, dormido para siempre.  ¿Valió la pena?, SI, SI mil veces. Tu vida no comenzó para nosotros cuando naciste, tu vida comenzó cuando nos reíamos por la falta de  mi menstruación, sabíamos el día en que en esa bella pasión habías sido concebido. Sentí el temor de emprender este viaje con un solo riñón, y toda la  carga patológica que me acompañaba.
Si tuviese que vivir otra vez la vida, lo haría nuevamente, por TI. No eras un producto, o un ser humano en potencia, eras nuestro Hijo y lo daríamos todo y más para volver a sentir tus pataditas, los latidos de tu corazón, tu llanto de gatito cuando naciste, el calor de tus mejillas el día que falleciste, todo y más por volver a sentirte Benjamín precioso.
Tu gran logro, sobrevivir y vencer esa barrera estúpida de la existencia legal de las personas. Entendí que luchaste por tu nombre y por llevar nuestros apellidos, luchaste para tener tu número de cédula de Identidad y ser considerado de nacionalidad Chilena, luchaste para que tu certificado de defunción dijera: Benjamín Ruiz Antimán y no NN.
El día en que te sepultamos, era un día de invierno, lleno de sol,  el lugar, un parque hermoso, lleno de vida. Mientras se realizaba la ceremonia de tu despedida, el ruido de los pájaros era tan ensordecedor que me asustaba, no entendía porque gritaban tanto. Luego supe, que tus primos y hermanos, en total 6 niños, estaban jugando cerca de un nido de estos pájaros que tenía 4 huevos. Me llamó la atención que fuera un solo nido,  pero que hubiera tantos pájaros defendiendo ese nido.
Ese día aún más reafirmé mi convicción de defender la vida, de gritar tanto y hacer tanto ruido que las amenazas no se acerquen a destruir el lugar de formación de un ser humano. Quizás no sean mis huevos, pero sí son mis iguales, pertenecemos a la misma especie.
No estás aquí, tu cuerpo no está, sé que estás con Dios, y su Amor es mayor que el que yo te pude haber entregado. Sé que estás bien, pero no puedo evitar  llorar, extrañarte, anhelarte.
Eres mi pequeño Benjamín, mi gran TRIUNFADOR.

Comentarios

Entradas más populares de este blog

¿Sufre un Niño que muere en un aborto?, Carolina Antimán Echeverría

  Morir y vivir con Dignidad, en nombre de estos preceptos se diputan temas tan álgidos como el aborto y la eutanasia, ambos situados en distintos momentos, el primero en el que la vida está irrumpiendo y el segundo cuando la vida se escapa de las manos. Ambos imponen un final, sin embargo, la muerte como tal, sólo será considerada si ocurre desde el momento en que el feto se separa completamente de su de su madre a través del corte del cordón umbilical [1] . La muerte como resultado de un aborto, no existe conceptualmente, menos aún la dignidad de esa muerte. Dentro de los criterios que hoy se incluyen para determinar que una persona ha dejado de existir, se encuentran la evaluación del estado de conciencia, la ausencia de actividad cerebral, etc. Estos son criterios válidos para la vida extrauterina. Entonces surge la pregunta. ¿Es también la muerte fetal por aborto, un momento al final de la vida? Probablemente, no sea una reflexión de la mayoría, sobre todo en los países en que

630 Niños mueren en Chile durante el año 2019, sin funeral, sin nombre, y a manos de una correcta organización de nuestro Sistema de Salud.

Alguién escribió en facebook en medio de esta Pandemia: "Cuando los muertos sean tuyos, tomarás conciencia".  La muerte duele hoy, más que nunca. Nuestro sistema de Salud esta en jaque, a pesar de todos los esfuerzos económicos y humanos para salvar más vidas. Capacitaciones al personal de salud para el uso de drogas, ventiladores, equipos de protección personal, normas y más normas, que nos protejan de este virus. Sin embargo, los muertos se suceden cada día en cantidades que nunca pensamos existirían. Los personas fallecidas pueden ser una estadística, pero detras de cada una existe una familia que llora hoy y que llorará por años la ausencia. Duele porque pertenecian a hijos, a madres, a padres, a abuelos, a hermanos, a compañeros de trabajo. Fueron 630 Niños en el año 2019, que murieron en manos del mismo sistema de salud. Para que ellos murieran se inyectaron recursos al sistema de salud, se capacitó al personal y se confeccionaron normas y más normas. Sus mue

Linaje de Los Benditos de Jehovça

Linaje de los Benditos de Jehová Carolina Antimán Echeverría [1] No trabajaran en vano, ni darán a luz para maldición; porque son linaje de los benditos de Jehová, y sus descendientes con ellos [2] . Isaías Cap. 65, vers. 23 Dios llama “Linaje de los Benditos de Jehová” a aquellos de su pueblo que han sido fieles a su nombre, es una declaración sobre los que Dios considera sus Siervos. Y los llama Linaje [3] de los Benditos de Jehová. Lo que deseo rescatar de esta palabra es que aquellos que seguimos a Dios de todo nuestro corazón, somos señalados por Dios como parte de algo único, Él nos adjudica una ascendencia a un grupo especial y bendecido, nos conecta a una familia que está unida por una característica, Ser Benditos de Jehová . Nos entrega una pertenencia y una historia y nos vincula fuertemente con Él. Lo extraordinario es que esta nobleza no es sólo para nosotros, es un linaje, y como tal acompañará a nuestros descendientes. Cuando entendemos lo que somos